Conocer a alguien especial

Las relaciones entre personas es algo que surge inevitablemente, ya sea a través de Internet (véase en las páginas de citas) o como en este caso en el trabajo. Ir más allá con una relación de amistad en el trabajo a veces es inevitable. Uno se pasa más de ocho horas a veces en compañía de una persona con la que nos unen unos papeles y problemas de empresa que se van resolviendo lentamente a veces.

Uno se ve con los compañeros de trabajo más tiempo que el que debería tal vez, pero la vida está montada así y no la vamos a cambiar. El caso es que tenemos esa compañera de trabajo a la que vemos todos los días, a la que olemos y con la que sonreímos durante el café, a veces la misma con la que coincidimos a la salida de la oficina y a la que en alguna ocasión hemos encontrado en el mismo autobús, después de todo, el tiempo, en estos temas es un aliado pero también un enemigo, un aliado porque el tiempo genera confianza, la invita y un enemigo porque es como una ola que en menos de lo que creamos puede hacer que pasen cosas que no creíamos que a nosotros nos podían pasar.

El caso es que estamos permanentemente viendo a esa persona de la que siempre conoceremos poco, se vuelve de pronto un enigma y poco a poco pasa a ser un enigma dulce y agradable, deseable, amigable que empieza a ser algo más que una compañera de trabajo. Termina siendo incluso a veces nuestra confidente.

Algo semejante ocurre en el caso de las mujeres que encuentran en aquel compañero de labores más que a un hombre atractivo o entrador a una persona comprensiva, de buen carácter y que en más de una ocasión nos ha ayudado a salir adelante cuando nadie nos conocía en la empresa. Y así en la medida que esas personas conviven en esas extrañas paredes los sentimientos empiezan a aflorar de una manera cada vez más extraña, la confianza no da asco y a veces las palabras son agradables en la voz de la otra persona, con más razón cuando nos traemos algunos problemas de casa, algo que nos hace ver que en el ambiente laboral también hay lugar para la confianza y la tranquilidad.

Y es ahí donde empieza a nacer el deseo, es ahí donde la sensualidad da un paso más adelante y las cosas se comienzan a producir como si alguien las estuviera manejando con unos hilos, es ahí en ese espacio de comprensión ajeno a casa donde hemos finalmente encontrado que hay cuatro paredes laborales que hacen de nosotros personas felices aun cuando ni siquiera nos queremos dar cuenta. Pero luego vemos que nuestro estado de ánimo responde a muchas cosas, más cuando nos toca trabajar en sábado y sabremos que ella o él estará, la jornada que de por sí iba a estar destinada para la familia está destinada a un entorno laboral donde esa chispa se asemeja mucho a lo que años atrás sentimos cuando en nuestra relación oficial todo era dicha, pasión y felicidad.

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